martes, 10 de marzo de 2026

CARTA DE AGRADECIMIENTO

   Hoy escribo estas líneas con el corazón lleno de gratitud.

  Nuestro blog Guachinches Parranderos ha superado ya el millón ciento treinta mil visitas. Un número que, más allá de las cifras, representa algo mucho más grande: personas. Personas que leen, que sienten, que recuerdan, que comparten el amor por nuestra tierra, por sus sabores, sus historias y su forma de vivir.
 
 A todos ustedes, gracias.

  Gracias por acompañarme en este camino, por entrar en este pequeño rincón digital donde la gastronomía, la tradición y la vida cotidiana de nuestras islas se encuentran. Cada visita, cada lectura, cada momento dedicado a estas páginas ha sido parte de este viaje.
   Hoy también quiero compartir con ustedes una nueva ilusión que nace dentro del blog.
   Muy pronto estrenaremos una nueva sección titulada “Reciclando Emociones”.
   Será un espacio diferente, profundamente humano, donde el arte y la memoria caminarán de la mano.    Un lugar donde las historias de nuestra gente encontrarán voz a través de la madera reciclada y de mi trabajo como artesano en la isla de El Hierro, un lugar que tiene imán, que engancha y que ha despertado en mi algo desconocido, la creatividad y la artesanía.


  Las emociones siempre han estado presentes en toda representación artística. Los artesanos no solo crean objetos: crean sentimientos, recuerdos y mensajes que viajan desde sus manos hasta el alma de quienes contemplan sus obras.
  En la isla de El Hierro, he dado forma a un proyecto muy especial: Reciclaje de Emociones. En él siento la necesidad de compartir no solo mis propias vivencias, sino también las historias, recuerdos y experiencias de muchas personas de la isla.

  
   Para la creación de mis piezas utilizo hasta doce tipos diferentes de madera reciclada. Once proceden de la propia isla: pino, cedro, brezo, acacia, sabina, higuera, aguacatero, haya, naranjo, moral y madera de tea de pino.
  La duodécima llega desde África: la conocida madera roja del Congo, recuperada de los barcos que alcanzan el puerto de La Restinga.

   
   Cada tipo de madera aporta un color, una textura y una historia distinta. La unión de todas ellas da volumen, carácter y personalidad a las obras, que finalmente se protegen con aceite de linaza de acabado rústico, realzando las vetas naturales que el tiempo dejó escritas en cada trozo de madera.

  
   Pero lo más importante no es la madera.
   Lo que verdaderamente importa son las emociones que guarda.
  Cada pieza es un fragmento de vida reciclado. Un recuerdo transformado en arte. Una historia que vuelve a respirar.

  
  Con esta nueva sección quiero invitarles a detenerse un momento, a mirar despacio, a escuchar las historias que nacen en esta pequeña isla del Atlántico donde el mar, el viento y la memoria siguen dando forma a la vida.

  Gracias, de corazón, por caminar conmigo hasta aquí.
  Y ojalá sigamos compartiendo muchas más historias, muchas más emociones y muchos más momentos que merezcan ser recordados.

                                                   GRACIAS, GRACIAS Y GRACIAS

lunes, 23 de febrero de 2026

PELICULA "LA LUCHA"

    Hay obras que no se tallan: se despiertan.

  Esta pieza nació así, como nacen las cosas que tienen alma. La concebí para el protagonista de La Lucha, nuestro paisano Tomasín Padrón, que en la pantalla no interpreta un papel, sino que se interpreta a sí mismo: hombre, luchador, herreño.
   La he unido a mi colección Reciclando Emociones y la he llamado también La Lucha, porque no podía llamarse de otra manera. Está realizada con cuatro maderas distintas, todas recicladas en El Hierro, como si la propia isla hubiera querido ofrecer sus fragmentos para contar esta historia.


   La base es de sabina. Firme, resistente, moldeada por el viento y el tiempo. Simboliza el terrero, ese círculo sagrado donde dos cuerpos se miden pero, en realidad, se respetan. La sabina no solo sostiene la pieza: sostiene la memoria.
   El soporte es de cedro, atravesado y cosido con hilo de cuero. Esa costura visible no pretende ocultarse; al contrario, habla de heridas que no se esconden, de esfuerzos que dejan marca. Porque la lucha, la del terrero y la de la vida, siempre implica romperse un poco y volver a unirse con más fuerza.
En uno de sus laterales superiores descansa una bobina de celuloide tallada con madera de uno de los cayucos que llegó al Puerto de La Restinga. Esa madera cruzó el mar cargada de historias, de miedo y de esperanza. Convertida ahora en carrete de 16 mm, simboliza la película, el viaje de las imágenes, pero también el viaje humano. La lucha no entiende de fronteras; el cine tampoco. Ambos son puentes.
Y en el centro, los dos bregadores. Uno tallado en moral, el otro en cedro. Se entrelazan en plena brega, tensión contenida, equilibrio exacto. Pero si se observa desde dentro, en el vacío que forman sus cuerpos unidos, late un corazón. No es un adorno. Es la verdad, sin corazón no hay lucha, no hay cine, no hay identidad.


   El día 22 de febrero del presente año y durante la presentación en la Sala de Congresos y Auditorio de La Peña, en El Hierro, comprendí que la pieza ya no me pertenecía. Porque lo que allí se vivió fue más que una proyección de La Lucha, dirigida por José Alayón. Fue emoción compartida, orgullo colectivo, identidad pronunciada en voz alta.



   Por vez primera en la historia de la isla, se proyectaba en casa una película que está en los cines. Pero no estábamos viendo solo una historia en pantalla. Estábamos viendo la vida de un herreño que, aunque continúa su trayectoria en Fuerteventura, lleva El Hierro tatuado en la manera de caminar, de caer y de levantarse y físicamente en su muslo izquierdo.


   Como artesano, fue un honor reconocer la labor de Tomasín en este film. Como casi herreño, fue un privilegio sentir que nuestra cultura respiraba en cada plano.


   La película, emocionando ya en festivales internacionales de Europa y América, suma además la fuerza ancestral del “Baile del Vivo” de Valentina la de Sabinosa, una voz que es raíz y viento al mismo tiempo. Que esa pieza haya sido reconocida en los Premios César no es solo un logro artístico: es la confirmación de que lo auténtico no necesita disfraz para cruzar fronteras.
   Por eso esta obra está hecha de madera reciclada. Porque nuestra cultura también es reciclaje: de memoria en presente, de sacrificio en ejemplo, de tradición en futuro.


Seguiré apostando por mostrar al mundo lo que somos.
Porque nuestra lucha canaria no es solo deporte.
Es memoria.
Es cultura.
Es herencia.
Es El Hierro.